A la dificultad de obtener diamantes sintéticos, va ligado
el desarrollo de la producción de piedras artificiales
denominadas así por carecer de correspondencia en la naturaleza.
Mientras las piedras preciosas coloreadas son numerosas y para
ellas la producción sintética a costes bajos o razonables
suple la creciente demanda del mercado, las piedras preciosas
naturales incoloras existen en número muy reducido.